# Tenes la receta justa para hacerme sonreir .~

24/9/10

# Nada mas necesario, nada mas vital...~

Con frecuencia, todo termina por reducirse y resumirse en algo así.
Tenemos claro en qué consiste la realidad. Sabemos que en ciertos casos no es posible plantearse nada, nada más allá del instante presente. Que no es posible hacer planes. Que los sentimientos no son, ni serán, correspondidos. Y que, en realidad, todo esto es algo que siempre supimos: también era por eso por lo que en un primer momento (que pudo ser igual un sólo día... que meses de relación. Incluso años) ni se nos pasó por la cabeza siquiera.Instinto. El solo instinto nos lo indicaba: no hacíamos nada, no esperábamos nada ni buscábamos nada. No había nada que hacer.Pero...Pero también es ahora el instinto el que nos hace desear. Desearle. Aún teniendo igual de claro que no podemos plantearnos nada más. Que, en realidad, ni siquiera podemos pensar que el deseo pueda ser de ambos, correspondido. Satisfecho.Que sabemos que nuestra cabeza, nuestro sentido común, tiene razón: no es para nosotros. No nos conviene pensar otra cosa. No va a quedarse.Que es mucho más de a lo que podemos aspirar, que las personas así son seres libres. Y lo sabemos, sí, porque precisamente también por eso nos gusta. Porque por lo que conocemos de él, las cosas en su vida son de determinada forma... y son esos secretos, esas conversaciones... esa forma particular de ser, lo que también ha terminado por llegarnos hasta más allá de lo esperado y lo esperable. Y sabemos que deberíamos sentirnos satisfechos con, simplemente, haber podido conocerlo.Pero... no podemos evitarlo. Ya no.
No se puede evitar el deseo. Como no es posible elegir los sueños.
Y, sabiendo que no puede ser, que es algo condenado al fracaso, que, si llegásemos a tenerle un rato... será aún más dolorosa la inevitable pérdida... sabiéndolo todo... no podemos evitarlo. No podemos evitar desear.Lo sabemos. Lo supimos desde el primer momento en que 'algo' se nos despertó dentro, en que las cosas cambiaron aunque todo parecía seguir igual. Supimos lo uno y lo otro: lo razonable y lo que no íbamos a poder controlar, parar. Lo que sólo sería evitable si huíamos. Una vez más. Y, tal vez, sin que él entendiera nada.Por eso esta vez no hubo huída finalmente. Guardamos las maletas sin llegar ni a deshacerlas, tal vez aplazando la huída. Como si con esto estuviéramos aceptando el destino. Como si de veras acabáramos de decidir quedarnos y luchar. Aunque, no. No huímos, pero no sabemos bien porqué.
Tal vez, por algo que tenía más que ver con la cobardía, con la incapacidad de decidir... La razón y el instinto, otra vez.
Lo sabemos. Sabemos que no nos conviene, pero no podemos evitarlo. No queremos evitarlo. Y es que por mucho que la cabeza nos diga... lo único que somos capaces de escuchar es cómo nuestro cuerpo nos grita por cada uno de sus poros cuando lo tiene cerca. Que no hay alimento que pueda saciarlo ni agua que le quite la sed.Ese grito que nos dice que no hay un deseo mayor que ése. Que nada puede ser más basico más necesario ni más vital que sentirle dentro. El sudor de su piel en la nuestra. El peso de su cuerpo, el relieve de sus huesos. Nada más necesario que sentir su cuerpo dentro del nuestro.
Porque será la cabeza quien nos marque las pautas de lo que nos conviene. Pero con algunas personas, en algunos momentos y en determinadas situaciones..., qué más dará lo que diga la cabeza, cuando lo que hemos decidido es, de una vez, perderla.
Pase lo que pase luego. Si es que la palabra 'luego' existe ó quiere decir algo. Y es que hay presentes que no plantean futuros. Sin más.

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