Luego no recuerdo qué he soñado. Simples recortes. La luz oscura de tus ojos, la forma de tus labios, tus manos. Detalles. Quizá también el eco de tu voz, de la que no recuerdo las palabras en mi sueño, pero que sé sonaron. Estuvo tu voz y estuvo tu cuerpo. Estuviste.
Invades mis sueños. No recuerdo qué he soñado, pero sé que has pasado por ellos.
Y lo sé cuando de pronto despierto temblando y sé que acabo de soñar que estabas conmigo, y sólo has dejado eso, mi piel estremeciéndose tras caricias que no puedo describir. Por algo que no conozco de tí en la realidad, pero que sé acaba de pasar por mis sueños. En un sueño que no recuerdo y del que sólo sé que estabas tú y estabas a mi lado. Del que sólo me queda la sensación de haber conocido el sabor de tu piel, de tu boca y de todo tu cuerpo, pero ya no lo recuerdo.
Y entonces sólo quiero volver a soñar, a soñarte. Aunque luego despierte y no estés y ni siquiera sea capaz de retener el argumento del sueño, y no sea, por tanto, posible revivirlo de día, cuando no estás, ó sí, pero tan lejos... Soñarte al menos. Que mi cuerpo te tenga y te sienta y se sacuda contigo. Aun sabiendo que nunca será posible, que no será real.
Me conformo con esto. Con saber que, sin necesitar ni pedir permiso, seguiras asaltando mis sueños
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